¿De verdad quieres abrirme?
No soy una persona que haga esto muy a menudo. Tampoco soy frío. Me conoces: sabes lo mucho que odio de mí mi lujuria, sabes que no me gusta esperar, y sabes lo más importante de mí. Aun así, no me conoces, ni yo tampoco lo sé. Tengo pensamientos malos y buenos. Tengo muchas dudas, pero no sé qué hacer.
Pero hoy no quiero perderme en eso. Hoy quiero detenerme y felicitarte. Te has graduado. Has terminado una etapa, y eso, venga lo que venga, tiene un peso real. No sé si tú le das importancia, o si solo sientes alivio. Pero yo, desde aquí, te lo reconozco.
Y al pensar en eso, me vienen preguntas. No preguntas complicadas, de esas que no tienen respuesta. Preguntas simples, de las que uno se hace cuando mira a alguien avanzar: ¿Y ahora qué sigue? ¿Te sientes diferente, o todo sigue igual y solo el papel cambia de sitio? ¿Valió más la pena el camino, o el simple hecho de haber llegado? ¿Pesa más el cansancio que dejaste atrás, o la incertidumbre de lo que viene? No necesito que me respondas. Solo me pregunto si tú también te lo preguntas.
Lo único que quiero es felicitarte, al menos por este medio. No estoy seguro de si alguien ha hecho una página web para ti. Si no lo han hecho, pues al menos yo, desde mi torpeza y con mis contradicciones, te dejo esto. Sin grandes gestos. Solo con la verdad de que hoy, en este instante, estoy pensando en ti y en lo que has logrado.
Gracias por existir