Para ti, que sí entendiste.

No me fui a despedir. La verdad, siempre me ha parecido un gesto vacío. Desde la última vez que intenté despedirme de alguien, supe que no volvería a hacerlo. Y tú deberías saber por qué: Esta vez no fui realmente yo, me quedé roto, sintiendo que algo se quebraba. Algo que debí cuidar con más fuerza. Me hizo sentir débil, como si hubiera traicionado mis propios valores y pisado todo aquello en lo que creo.

Tal vez para ti sea solo tu amiga, pero yo no quiero estar cerca de ella. Me hace mal, me desordena por dentro. Y sin embargo, una despedida es una despedida… aunque sea en silencio. Gracias por tu mensaje. No creo que te vaya mal; siempre fuiste una persona muy inteligente, de esas que brillan sin hacer ruido.

No sé si todos son sinceros. Sé que es difícil. Hace tiempo que no confío en nadie. Todos somos hipócritas, incluso yo. Nadie es completamente real. Nadie parece valer la pena del todo. A veces siento que solo somos niños jugando a ser adultos, equivocándonos en el mismo patio.

Decirte “que te vaya bien” probablemente sea lo más sincero que escucharás. Tal vez más sincero que muchas palabras que sí estuvieron presentes. No quiero hacerte dudar de nadie, no es mi intención. Guarda el recuerdo. Mejora lo que quieras mejorar. Sé feliz, como tú decidas vivir. Es tu vida. Decide lo mejor, y haz las cosas bien. Es mi único consejo después de todo.

✨ Porque a veces las cosas suceden por algo. Guarda el recuerdo. Mejora. Sé feliz.
Con toda la sinceridad que me queda,
alguien que también está aprendiendo.
— No es un adiós, es una carta sin despedida.