El nacimiento de la filosofía como pregunta por el principio de todas las cosas: del mito al logos, de la narración sagrada a la investigación racional de la naturaleza.
«Todos los hombres desean por naturaleza saber.» — Aristóteles, Metafísica I, 980a
Concepto fundamental de la filosofía griega que designa el comienzo del universo y el primer elemento de todas las cosas. Es aquello que no necesita de otra cosa para existir y de lo cual todo lo demás deriva.
Los presocráticos buscaron un principio único y natural que explicara la multiplicidad del mundo sin recurrir a los dioses. Esta búsqueda inaugura la filosofía como investigación racional de la naturaleza (physis).
Para Tales, el principio de todas las cosas es el agua: lo húmedo. El agua es eterna, infinita, única y universal; es principio de vida y de todas las cosas. «Todo nace del agua y retorna a ella.»
Su razonamiento: el agua es necesaria para la vida, la humedad está presente en todas las cosas, y pudo observar las inundaciones del Nilo en Egipto. Su postura es hilozoísta: la materia es viviente.
El principio de todas las cosas es lo ápeiron: una materia indefinida, ilimitada, imperecedera e infinita, que no es ninguno de los elementos visibles. De ella se separan los contrarios (caliente/frío, seco/húmedo) y de su mezcla nacen todas las cosas.
Fue el primero en introducir el nombre de arché para designar este principio. Su razonamiento: si el arché fuera uno de los elementos visibles, ese elemento dominaría a los demás y acabaría con ellos; por eso debe ser algo neutral, indefinido, que abarque todo.
El principio de todas las cosas es el aire, infinito y en movimiento eterno. Todas las cosas se generan por condensación y rarefacción del aire: al enrarecerse se convierte en fuego; al condensarse, en viento, niebla, nube, agua, tierra y, finalmente, roca.
Con ello introduce por primera vez una explicación mecánica y cuantitativa del cambio: la diferencia entre las cosas no es cualitativa, sino de grado de densidad. El aire es el principio más sutil y omnipresente, análogo al alma (psyché) que mantiene unido el cosmos.
Para Pitágoras, el principio de todas las cosas es el número. La esencia de la realidad es matemática: las relaciones numéricas explican la armonía del cosmos, la música, los astros y la naturaleza entera.
Es el primer arché inmaterial: no un elemento físico, sino una estructura formal. Los pitagóricos creían que todo podía derivarse de los números y que el universo era una escala musical. Su lema: «Todo es número».
Jenófanes sostuvo que todo nace de la tierra y del agua. La tierra es el principio sólido y el agua el principio húmedo; de su combinación surgen todos los seres vivos y todas las cosas.
Más que un físico, fue un teólogo crítico: denunció que los hombres crean dioses a su imagen y semejanza («si los bueyes y los caballos tuvieran manos, pintarían dioses con forma de bueyes y caballos»). Postuló un dios único, eterno, increado, que mueve todas las cosas con la fuerza de su mente, sin moverse él mismo.
El principio de todas las cosas es el fuego, símbolo del movimiento y del cambio perpetuo. No es una llama material, sino un fuego cósmico siempre vivo, que se enciende y se apaga «según medidas».
El fuego se transforma en las demás cosas por condensación y rarefacción, en un ciclo eterno. Heráclito identifica el fuego con el logos (la razón, la palabra, la ley del mundo): la realidad es un flujo constante (panta rhei, «todo fluye») regido por una ley racional.
El principio de todas las cosas no es un elemento físico, sino el Ser. El Ser es: eterno, único, inmóvil, indivisible, continuo e inmutable. El no-ser no es y no puede pensarse ni decirse.
Con ello Parménides niega la validez del cambio y de la pluralidad: lo que los sentidos nos muestran (nacimiento, muerte, movimiento) es apariencia. Solo la razón (logos) puede alcanzar la verdad. Este es el primer gran conflicto entre razón y experiencia en la filosofía occidental.
Los principios de las cosas son las homeomerías (partes semejantes): infinitas semillas cualitativamente distintas (carne, hueso, oro, madera...) que existieron siempre, mezcladas en todo.
El orden del cosmos lo produce el Nous (Inteligencia, Mente), una fuerza infinita, autónoma y separada de la materia, que imprime movimiento y ordena la mezcla. Es el primer principio inteligente y finalista de la filosofía: una inteligencia cósmica que da razón del orden del mundo.
No hay un solo principio, sino cuatro raíces eternas e increadas: tierra, agua, aire y fuego. Ninguna es anterior a las otras; todas son iguales en rango (archai genuinas).
El movimiento y la mezcla de estas raíces se deben a dos fuerzas cósmicas: el Amor (Philía), que une, y el Odio (Neikos), que separa. El cosmos oscila eternamente entre la unidad total (bajo el Amor) y la dispersión total (bajo el Odio). Primera teoría de los cuatro elementos que dominará la ciencia hasta el siglo XVII.
La realidad se compone de dos principios: los átomos (partículas indivisibles, eternas, indestructibles e inmutables) y el vacío (el no-ser, el espacio donde se mueven).
Los átomos son infinitos en número y forma; se mueven eternamente en el vacío y se combinan para formar todas las cosas. Nada ocurre al azar: todo tiene una causa material. El alma también es material (átomos esféricos). «El hombre es un microcosmos.» Primera gran teoría materialista y mecanicista de la realidad.
| Filósofo | Origen · Fechas | Arché |
|---|---|---|
| Tales | Mileto · c. 640–546 a. C. | El agua (τὸ ὕδωρ) |
| Anaximandro | Mileto · c. 611–546 a. C. | Lo ápeiron (τὸ ἄπειρον) |
| Anaxímenes | Mileto · c. 585–524 a. C. | El aire (ἀήρ) |
| Pitágoras | Samos · c. 580–495 a. C. | El número (ὁ ἀριθμός) |
| Jenófanes | Colofón · c. 570–475 a. C. | La tierra y el agua (γῆ καὶ ὕδωρ) |
| Heráclito | Éfeso · c. 540–480 a. C. | El fuego (πῦρ) · el logos |
| Parménides | Elea · c. 515–440 a. C. | El Ser (τὸ ἐόν) |
| Anaxágoras | Clazomene · c. 500–428 a. C. | Homeomerías + Nous (νοῦς) |
| Empédocles | Agrigento · c. 494–434 a. C. | Las cuatro raíces (ῥιζώματα) |
| Demócrito | Abdera · c. 460–370 a. C. | Átomos y vacío (ἄτομοι + κενόν) |
La filosofía nace cuando el ser humano deja de preguntar quién hizo el mundo y empieza a preguntar cómo funciona.
Los milesios buscaron un arché material: agua, ápeiron, aire. La physis se explica por sí misma.
Pitágoras descubre un arché inmaterial: el número. La realidad tiene estructura matemática.
Parménides niega el cambio; Heráclito lo afirma. La filosofía se divide entre la vía del ser y la vía del devenir.
Empédocles, Anaxágoras y Demócrito superan el monismo con múltiples principios: cuatro raíces, homeomerías, átomos.
«Es necesario que el ser sea; pues el no-ser no es.» — Parménides, fr. 6