Origen y evolución histórica del concepto de ciudadanía: desde la polis griega hasta la civitas romana, y su legado en el mundo contemporáneo.
La ciudadanía es la pertenencia a una comunidad política, con derechos y deberes. Su origen se remonta a la antigüedad clásica.
La palabra ciudadanía proviene del latín civitas, que designaba tanto la comunidad de ciudadanos como el conjunto de derechos que estos poseían. En la Grecia antigua, el término equivalente era polites (ciudadano de la polis).
En ambas civilizaciones, ser ciudadano significaba pertenecer a una comunidad política y participar activamente en ella, aunque los requisitos y la extensión de la ciudadanía variaron enormemente entre Atenas, Esparta y Roma.
La ciudad-estado griega fue el marco donde nació el concepto de ciudadanía política participativa.
La polis (ciudad-estado) era una comunidad política autónoma que integraba un territorio, una población y un gobierno propio. En el siglo V a.C., Atenas se convirtió en el modelo de democracia directa, donde los ciudadanos participaban directamente en las decisiones públicas.
Sin embargo, el modelo griego no era único: Esparta desarrolló un sistema oligárquico y militar, también centrado en la polis, pero con una organización social y política muy distinta.
Aristóteles definió al ciudadano como "aquel que tiene el poder de tomar parte en la administración deliberativa o judicial del Estado".
La democracia ateniense se apoyaba sobre una estructura social rígida y excluyente.
La sociedad ateniense se dividía entre quienes participaban en la política y quienes quedaban al margen.
La ciudadanía ateniense era cerrada y excluyente: se adquiría por nacimiento y solo para varones.
Ser ciudadano significaba gobernar y ser gobernado: un ejercicio directo y rotativo del poder.
Un modelo oligárquico y militar: la ciudadanía era un privilegio de guerreros, no un derecho de participación política amplia.
Esparta fue la otra gran polis del mundo griego. A diferencia de Atenas, no desarrolló una democracia: su sistema era una oligarquía militar dirigida por dos reyes, un consejo de ancianos (Gerusía) y un cuerpo de ciudadanos-soldados.
La ciudadanía espartana era un privilegio hereditario reservado a los descendientes de los conquistadores dorios. Estaba indisolublemente ligada al servicio militar: el ciudadano era, ante todo, un hoplita que defendía la polis.
La educación (agogé) era estatal y militar, y formaba a los varones desde los 7 años para la guerra. Las mujeres, aunque excluidas de la política, gozaban de mayor libertad y prestigio que en otras polis.
Tres grupos bien diferenciados: ciudadanos-guerreros, extranjeros libres y esclavos.
Roma desarrolló un concepto de ciudadanía más jurídico y gradual, que se expandió progresivamente.
En Roma, la civitas designaba tanto la comunidad política como el conjunto de derechos y deberes del ciudadano (civis Romanus). A diferencia de la polis griega, la ciudadanía romana no exigía residencia en la ciudad ni participación directa en la Asamblea.
El ciudadano romano se regía por el jus civile (derecho civil) en cualquier lugar del imperio. Esto permitió que la ciudadanía se convirtiera en un estatus jurídico portable, no atado a un territorio específico.
La expansión de la ciudadanía fue gradual: primero a los aliados itálicos, luego a las élites provinciales y, finalmente, a casi todos los habitantes libres del imperio en el año 212 d.C.
Una estructura escalonada en la que la ciudadanía no bastaba para alcanzar el poder: importaba también la riqueza y el origen.
A diferencia de Atenas, Roma permitió varias vías de acceso a la ciudadanía, lo que facilitó su expansión.
La ciudadanía romana otorgaba un conjunto de privilegios jurídicos y políticos, junto con obligaciones hacia el Estado.
Roma pasó de una ciudadanía cerrada a una prácticamente universal en el año 212 d.C.
Aunque ambas civilizaciones compartieron la idea de pertenencia a una comunidad política, desarrollaron modelos muy distintos.
A partir de lo aprendido, analiza las diferencias y similitudes entre la ciudadanía ateniense, espartana y romana.
Completa el siguiente cuadro comparativo. Para cada criterio, escribe una característica de cada modelo.
Estas son algunas respuestas posibles. Tu cuadro puede incluir otras diferencias y similitudes válidas.
Principales hitos en la evolución del concepto de ciudadanía en Grecia y Roma.
Grecia y Roma inventaron la idea de que el poder puede ser ejercido por los ciudadanos y no solo por reyes o tiranos. Aunque sus modelos eran excluyentes, sentaron las bases de lo que hoy entendemos por derechos políticos, participación ciudadana y Estado de derecho.
¿Qué semejanzas y diferencias encuentras entre la ciudadanía ateniense, la espartana y la romana? ¿Qué elementos de aquellos modelos perduran en la ciudadanía ecuatoriana actual? ¿Por qué la ciudadanía ha sido siempre un concepto en construcción, que se amplía con las luchas sociales?
Aristóteles. (1988). Política (M. García Valdés, Trad.). Gredos. (Obra original ca. 350 a.C.)
Cartledge, P. (2002). Sparta and Lakonia: A regional history 1300-362 BC (2.ª ed.). Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203994074
Finley, M. I. (1983). Politics in the ancient world. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511620122
Gardner, J. F. (1993). Being a Roman citizen. Routledge. https://doi.org/10.4324/9780203036330
Hansen, M. H. (1999). The Athenian democracy in the age of Demosthenes: Structure, principles and ideology (J. A. Crook, Trad.). University of Oklahoma Press.
Nicolet, C. (1980). The world of the citizen in republican Rome (P. S. Falla, Trad.). University of California Press.
Sherwin-White, A. N. (1973). The Roman citizenship (2.ª ed.). Oxford University Press.
Sinclair, R. K. (1988). Democracy and participation in Athens. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511552591